Muerte perinatal

Uno de los golpes más duros e incomprendidos que golpea a madres y padres es la muerte de sus bebés.

Con la partida de nuestra hija o de nuestro hijo se va un proyecto lleno de vida, que no ha tenido ninguna oportunidad. Y madres y padres, a menudo nos vemos atrapados en incomprensiones seguramente bienintencionadas, pero que ponen a prueba nuestros sentimientos de una forma muy penetrante. Frases como: “suerte que todavía no había nacido o era muy pequeño o pequeña”, “suerte que ya tenéis otro hijo o hija”, “aún suerte que solo se ha muerto uno y os queda el otro”, “sois bastante jóvenes y tenéis tiempo para volver a intentarlo” ……. y otras muchas, golpean fuertemente el alma y aunque puedan llevar una parte de la verdad, olvidan que el proyecto de una vida es única e irrepetible; y que nosotros, padres y madres queremos aquel niño desde su misma concepción.

Pasado este mal trance, que no nos ahorrará nadie, habremos entendido que aquella vida forma parte de la eternidad y que junto con todas las otras personas que se han marchado, formarán parte del progreso de todo el mundo. Y será esta perspectiva seguramente, la que nos pedirá aceptar esta situación como parte de las dificultades de la vida, que tienen que hacernos también mejores personas porque incorporamos en nosotros mismos y mismas, la fuerza de nuestro niño, para continuar contribuyendo, por poco que sea, en nuestra pequeña parte de responsabilidad en la mejora de nuestro entorno.

Niños que nos habéis dejado, gracias por haber sido este proyecto de amor que os ha llevado hasta aquí; y gracias también, por ayudarnos a tener una fortaleza que nosotros, madres y padres, ponemos al servicio de las personas que la puedan necesitar. No os olvidamos nunca. Siempre estáis.

Pep, padre de Aina

Cómo explicamos a nuestro hijo/a que su hermano o hermana no está con nosotros?​

Lourdes Labarta y Sandra Jodar, madres de prematuras nos lo explican en este brillante cuento muy gráfico donde niños pequeños y grandes a través de sus ilustraciones percibimos lo que puede significar perder un/a hijo/a.

Nuestras dos preciosas hijas gemelas, Paula y  Abril, nos han obsequiado con la maternidad y nos han empujado hacia un aprendizaje constante. Ambas forman parte de una familia que las quiere y las reconoce y esto nos enorgullece. Afortunadamente, Paula está aquí compartiendo nuestro día a día y regalándonos sonrisas. Desgraciadamente, Abril está allá, de cuerpo ausente y alma libre, a pesar de ser la mejor y más fiel compañera de viaje. Con este libro queremos acercar a nuestras gemelas a su historia y dejar la puerta abierta para que Paula nos pregunte todo aquello que desee cuando ella lo necesite.